Perros

Acción:

Palabra

Dinamismo

Errores, varios

Cortemos

Acción:

Yo, hombre, mi acción

Mi ser, mi máxima expresión y expansión

La busco a ella

Mi acción

Mi segundo

Ser:

Caminemos y disfrutemos un poco de lo que pudimos generar. Vivamos estas hermosas experiencias, sin pensar en lo que somos, ni en lo que somos capaces de generar (vida y calor).

Caminemos

Corramos, aunque nos miren, nos presientan, se nos acerquen, nos apunten a la cara, nos inhiban, nos corran (intentemos escaparnos aunque nos persigan).

Caminemos despacio ahora.

Hagamos una pausa.

Acercamientos, planos, contraplanos

Detengámonos a pensar ahora sí en quiénes somos, por qué caminamos juntos, y cuánto más va a durar esto. Analicemos nuestras posturas, nuestros pies, nuestra forma de mutualimentación, nuestras manos, que juntas son tan hermosas.

Corramos

No!

No escapemos a esta realidad.

Ustedes (videntes), miren mis pupilas, y díganme cuánta destreza ven en mi esencia. Pura verdad y sinceridad.

Pura sensación

Pura razón

Cuidémonos, conozcamos nuestros recovecos y profundidades

Nuestra piel y lunares

Nuestras gracias y llantos

Tus sabores y alegrías

Mi llanto y mi saliva

Corramos, que la vida nos persigue, nos quiere revolcar y volver inútiles.

Creo que si logro introducirme en tu cuerpo, nunca seré inútil. Armemos nuestro mundo, con leyes que sólo rijan para tu existencia y la mía, que únicamente nos limiten al otro, nos cierren todas las puertas externas, pero nos abran una infinidad de entradas alternativas entre nosotros.

Ahora quedás a la vista sólo vos.

Corten.

Carta a un lector carente de ojos

Señor lector:


No sé si tengo el agrado de comunicarle que tengo un problema. En realidad, tengo varios problemas, pero tras un largo y denso debate con mi paraguas pude resumir todo en uno. Le aclaro, por las dudas, que no quiero que este texto tenga implicancia artística alguna (aunque seguramente, si en algún momento mi nombre se vuelve popular, y logro resolver parcialmente todos mis conflictos, inventarán alguna excusa para afirmar que soy un genio) sino que necesito demostrar mi ser, o lo que no logro comprender de él. Soy conciente de que es realmente difícil demostrarle mi problema, porque yo tampoco lo entiendo muy bien, o quizás me formulo teorías internas para creer que sí, pero si esa creencia fuera cierta del todo, esta carta perdería validez.

Creo que a grandes rasgos, podría decir que mi problema es la palabra. Sí, la palabra. Es más, la letra misma, la mínima parte de la palabra, el átomo de ella, su alma. Cada palabra es un universo, y de eso nunca tuve duda alguna, y no lo veo como algo grave. El problema es el problema, si no, ¿que sería la palabra problemas en mis problemas? La palabra problemas genera mis problemas, la “p”, la “a”, y la “s”, que es la peor de todas, porque ah!, la hace plural, infinita. Por ello, la infinidad de problemas genera más problemas, a los que quizás alguien maquille con soluciones, pero no dejarán de ser cuestiones que se agravan progresivamente. El problema serio es cuando confundimos letras, no sólo de forma cualitativa, como por ejemplo cambiar una “p” por una “s”, sino cuantitativa, es decir, contar otro número de letras o palabras. Suponga lector, que usted tiene una palabra escrita en una hoja, pongamos el ejemplo de la palabra “problema”. Seguramente, si le pido que cuente la cantidad de letras, usted dirá rápidamente que son ocho. El problema es cuando uno cuenta cuatro, o siete, y si uno se confunde de tan absurda forma, ¿por qué no puedo decir que veo pi letras en la palabra problema? Por lo tanto veo un número inconcluso de letras, o de números, o de palabras, o de problemas, que podríamos llamar infinito. Pero, usted se preguntará ¿a quién se le ocurre ir a lo infinito? A todos. Y mi problema, como universo que rodea a cada problema, es que mi vida de problemas es no infinita, pero no necesariamente finita: sé que podría contar mis problemas, pero sin embargo no lo hago, es decir, la teoría vence a la práctica, pi vence al problema. Aquí está mi problema: si mis problemas fueran infinitos, ni siquiera me esforzaría en contarlos, porque sé que no lo lograría y además hay infinitas salidas posibles, por lo tanto mi problema es ser conciente de que no tengo infinitos problemas. Insisto, si tuviera infinitos problemas, serían completamente intrascendentes para mi vida. Pero mi problema radica en la esencia del problema, en lo más imperceptible. Suponga usted que transforma la palabra problema en solución. ¿Pensó alguna vez las posibles consecuencias del problema/solución? Sería tal la confusión como afirmar que si nadie hubiera inventado los problemas, a nadie se le hubiera ocurrido solucionarlos, por lo tanto mi problema, al no existir, sería nulo. Por esto creo que los problemas son ampliamente superiores a las soluciones: Imagínese usted que se va a sentar a la mesa y tiene dos bifes. Come uno, y ahora viene el problema: quizás se quedó con hambre, o quizás no, pero tiene la posibilidad de comer el segundo si quiere. Es decir, tiene un problema que debe resolver. Ahora, si tiene uno solo, la naturaleza, el medio, ya le trajo una solución sin siquiera haberle planteado el problema. O sea que contrariamente a lo que todos creen, pueden existir soluciones sin problemas, y esto es realmente patético. Más aún cuando uno la encuentra de casualidad y no la busca: porque piense, ¿qué quiere decir que uno encontró una solución sin siquiera buscarla? Quiere decir que la naturaleza, mucho más imperfecta que la palabra, supuso que no íbamos a poder resolver este compromiso.

Ahora bien, intente imaginar que el mundo es la palabra: la palabra mesa no significa nada más que una mesa, como cualquier otra. Pero la palabra palabra encarna todas las otras palabras, por lo que una mesa no es sólo una mesa sino también una palabra, y esto llega a un punto de saturación que rebalsan las palabras por doquier. Si tiene en cuenta esto, llegará a la conclusión que esta hoja tiene incontables (pero no por ello infinitos) problemas. Si esta hoja estuviera vacía sería una solución, es decir que en algún momento lo fue, por lo que creé incontables problemas en una única solución. Una manera de resolver estos problemas es borrando todo esto, pero estaría armando una figura sin fin, donde el problema es la carencia de problemas, o el abuso de solución. Así, podrá usted llegar a la conclusión que el abuso de soluciones traerá incontables problemas, por cada solución tendremos infinitos problemas o por cada hoja en blanco infinitas palabras. Es aquí cuando la palabra puede perder el rol de palabra o problema, y otras sensaciones entran en juego, ya que cada uno tiene la libertad de cómo afrontar este supuesto problema. Sin embargo, es evidente que aquí reside el error de la palabra: dejar que las no palabras actúen sobre ella. ¿Y gana algo usted o yo creyendo que la no palabra vence a la palabra? No, y simplemente porque esto es imposible. Para que lo pueda entender, voy a darle un ejemplo opuesto al anterior, en donde el mundo es la no palabra. Si el mundo fuera la no palabra, los humanos no se comunicarían mediante la palabra. ¿Es lo mismo decir que los no humanos no se comunicarían mediante la no palabra? Claro que sí, se comunicarían mediante la vista, que a su vez sería la no vista, o la carencia de significado de v-i-s-t-a. Esto desde ya es completamente imposible, porque estaríamos dentro de un mundo donde la palabra surgiría de la no palabra, y ¿no es este el caso del mundo de la palabra, o de los problemas?

Por lo tanto, me animo a afirmarle que vivimos en un mundo rodeado o surgido de lo imposible, en donde cualquier problema que nos planteemos, la palabra no podrá solucionarlo.